domingo, 12 de febrero de 2012

White Lies...

No me gusta mentir incluso cuando tengo que hacerlo. Pienso que se me nota si miento y siempre me han pillado cuando lo he hecho. Porque reconozcámoslo, a veces, hay que mentir. Mentir por amor, por amistad, por deseo, por supervivencia, por ser seres sociales, por vicio... Mentir a fin de cuentas. 
Es algo inevitable tener que contar esas pequeñas mentiras, "white lies" las llaman los ingleses. Son "white" porque no tienen maldad ninguna. Hay veces que las mentiras ¿piadosas? te merecen la pena, sales del paso de una situación determinada, la cosa no tiene mayor transcendencia y ya está.
Pero otras veces, las mentiras te dejan un come-come por dentro en el que al final gastas más energías que si hubieras dicho la verdad o simplemente no hubieras dicho nada. Porque a veces estas mentiras necesitan un seguimiento, si bajas la guardia se te ve el plumero y reconozcámoslo ¿a quién le gusta que se le vea el plumero? A mí no. 
Odio esas mentiras, las blancas y las negras. No me gusta mentir porque quiero ser yo misma y no me avergüenzo de como soy así que no creo que tenga que ocultar nada. Esas mentiras piadosas cada vez están más a mi alrededor y, no es por echar balones fuera, pero el entorno me obliga. 
Los rumores y comentarios hacen que tenga que crear un escudo protector a base de mentiras piadosas para protegerme de ellos y proteger a los de mi alrededor. Así que he tenido que posicionarme y recubrirme de esas pequeñas mentiras para poder ser feliz. Y he de decir que no me importa, que por ahora no me importa decirlas ni publicarlo. 
La mayoría de mentiras piadosas que he dicho en mi vida han sido por un tema "social", soy así de hipócrita, que le vamos a hacer...

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