Odiamos reconocerlo, pero no siempre estamos felices. Más que nada, somos seres humanos y todos tenemos nuestros días buenos y malos. Hoy mi semana había empezado de un modo terrible, pero a las 9.00 ya estaba sonriendo. Gracias a mis alumnos/as y a quien ha compartido un super café "reanimador" a las 10.00.
Últimamente, tengo un pequeño truco para sentirme mejor cuando las cosas no van bien: hacer a la gente feliz. Podría entender que lo consideraseis egoísta, pero al final otra persona consigue algo y yo me siento mejor, así que todos salimos ganando.
No tiene que ser algo realmente impresionante. Sería genial llevar a tu mejor amiga a un viaje de ensueño o regalarle un coche, pero eso no es necesario para hacerla feliz. En realidad la clave está en los pequeños detalles. En una pulsera, una moneda, una marca, un gesto o un post-it. Creo que son estos los que mueven el mundo, quizá las cosas grandes llaman más la atención, pero son las pequeñas las que hacen la diferencia.
Así que mi plan para sentirme mejor tiene tres partes: hacer una cosa para hacerse feliz a uno mismo, hacer otra cosa para hacer feliz a alguien que conozcas y hacer otra cosa para hacer feliz a un desconocido. Quizá parece que están ordenados de más a menos fácil. Pero, no es raro que sea justo al revés.
Sé que parece una tontería o la típica cosa sacada de un manual de autoayuda, pero a mí me suele funcionar.







