He leído esta mañana esta frase y no he podido resistirme a ponerla en el blog. Cada letra en ella es un trocito de verdad universal.
Yo siempre he creído en la amistad. La he llevado por bandera durante mi vida hasta que han venido a desmontarme la falacia en la que vivía.
Cuando conoces a alguien y sientes que su amistad es verdadera, puedes desvivirte para hacer todo lo posible por ayudar a esa persona. A veces sale bien y otras no, pero tú, al menos, lo intentas.
Yo lo he intentado, he ayudado en todo lo que he podido pero, claro, a veces esos amigos que se golpeaban el corazón con tu nombre, dejan de necesitarte.
Supongo que es algo humano. Desde pequeños nos enamoramos de los juguetes hasta que no los necesitamos o hasta que tenemos otro mejor que puede sustituirlo.
Hay personas que juegan a ser amigos y que cada año, por Navidad, son capaces de sustituir a esas personas que han estado a su lado porque ya no los necesitan. No se si tiene que ver con el status quo o si es parte de esa naturaleza que nos hace algo "despiadados" cuando nuestros intereses no se satisfacen.
A mi, personalmente, me cuesta olvidar el pasado. Las cosas no se hacen por nada y a la gente no se deja de quererla de un día para otro. He perdonado muchas acciones dolorosas porque creía que esas personas merecían la pena. Día tras día, me he aguantado las ganas de decirles que me estaban destrozando el corazón y que querían que pararan. Aún así, siempre he vuelto a ellas. Supongo que ese lazo rojo japonés unía nuestros meñiques como símbolo de la amistad verdadera.
Pues bien, esas personas, han decidido cortar el lazo. El único problema, es que con el corte, también se han llevado un trocito de mi alma, y duele, duele muchísimo.
Aún así, entiendo que algún día comprenderán que no sólo la necesidad era la clave de la amistad. Que había mil cosas más y que esas fuerzas irracionales que nos unieron hacen 5 años, siguen ahí. Sólo hay que hacerles caso.
1. Concentrarte en la vida de otros y no en la tuya.
No te conformes con la las historias de éxito de otros y como las cosas se han dado para ellos, olvidando las tuyas. Tienes todo lo que necesitas para convertirte en todo lo que eres capaz de ser. Los cambios más asombrosos ocurren cuando decides tomar el control. Esto significa “consumir menos, crear más”. Significa negarse a dejar que otros piensen, hablen y decidan por ti. Significa aprender a respetar y hacer uso de tus propias ideas para vivir tu vida.
Mantén tus mejores deseos y tus metas más grandes cerca de tu corazón y dedícales tiempo cada día. Si verdaderamente te ocupas de las cosas que haces y trabajas diligentemente en ellas, no habrá casi nada que no puedas lograr.
2. Esperar por el momento perfecto.
No caigas en el mito del momento perfecto. Los momentos no son perfectos, Son lo que tu quieres que sean. Mucha gente espera a que los astros se alineen para hacer lo que tienen que hacer. El momento perfecto, la oportunidad precisa…etc. ¡Despierta! Estos estados de perfección son mitos. NO EXISTEN.
Tu habilidad de crecer a tu máximo potencial está directamente relacionada a tu voluntad de actuar ante la imperfección. Serás exitoso si en vez de buscar el momento perfecto, aprendes a ver y a usar las adversidades de la vida a tu favor.
3. Trabajar sólo por la paga.
Trabajar sin interés es agobiante. Incluso si eres apasionado en lo que se refiere a tu trabajo, debes estar, al menos, interesado en ello. Cuando creas un estilo de vida en el cual tu trabajo es algo con lo que batallas diariamente para pagar tus cuentas. Terminarás desperdiciando toda tu vida queriendo que fuera como la de alguien más.
Piensa acerca de eso. Esta es tu vida; tu trabajo ocupa un gran porcentaje de ella. No se trata del dinero; se trata de ti. Ignora especialmente cuando la gente dice: “No dejes que tu trabajo te defina”. Medítalo y revierte este mensaje de la siguiente manera: “Haré el trabajo que me define”.
El interés en tu trabajo mejora la calidad de tu rendimiento y suma felicidad a tu mente. No lo limites todo a un cheque.
4. Albergar sentimientos de odio.
Como Martin Luther King Jr. dijo: “La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad, solo la luz puede
hacerlo. El odio no puede expulsar al odio; sólo el amor puede hacerlo” Cuando guardamos sentimientos de odio, eventualmente se pierde lo mejor de nosotros. Toma el control de nosotros, y en un punto nos olvidamos el motivo del odio y a quién va dirigido este odio. Luego, naturalmente, esos sentimientos de odio se vuelven contra nosotros mismos.
Todo y todos a quienes odias ocupan un espacio permanente en tu cabeza y corazón. Así es que, si quieres eliminar algo o a alguien de tu mente, no odies. En vez de eso, desconéctate, sigue adelante y no mires atrás.
5. Aferrarse a los miedos y preocupaciones.
Algún día cuando mires hacia atrás, te darás cuenta que prácticamente ninguna de tus preocupaciones
y ansiedades llegaron a buen termino. Por lo tanto es mejor darse cuenta de eso ahora.
Cuando analizas un par de años atrás, ¿Cuántas oportunidades de felicidad desperdiciaste por la preocupación o la negatividad? Aunque no hay nada que puedas hacer para remediar lo pasado, hay muchas cosas que puedes hacer por las oportunidades futuras.
6. Fijarse demasiado en las dificultades.
Un mal día es sólo un mal día. Los tiempos de adversidad inevitablemente afectarán las condiciones en las que vives y trabajas; sin embargo, no permitas que afecten quien eres y en que estás enfocado.
Todos los días tiene nuevas lecciones y nuevas posibilidades. Siempre hay una manera de dar un paso adelante en el camino que escogiste. Hay sucesos que pueden ser terribles e inevitables, pero siempre tienes una opción.
7. Buscar constantemente alegría momentánea.
Hay dos variaciones de la alegría en la vida. La pasajera y la que perdura. La del tipo pasajera se
fundamenta en instantes de bienestar material, mientras que la duradera se logra con el crecimiento gradual de la mente. De buenas a primeras resulta difícil distinguir la una de la otra, pero con el tiempo se hace obvio que la última es superior.
La felicidad duradera se sostiene a través de los altos y bajos de la vida, a través de ellos tu mente se mantiene confiada y en paz. Por otro lado, cuando las variaciones de la vida te afectan demasiado, ni el más elaborado confort físico te dará felicidad por mucho tiempo.
8. Tratar de lograr grandes cambios de una sola vez.
Si quieres lograr un cambio en el mundo, comienza tu entorno más cercano. Hacer una gran
diferencia de una vez, es prácticamente imposible, y el proceso de intentarlo es extremadamente estresante. En cambio, lograr una diferencia en un par de vidas, es absolutamente posible e incluso fácil. Solo debes concentrarte en una persona a la vez y comienza con los más cercanos.
Si quieres hacer cambiar de opinión o de humor a alguien, a veces, como primer paso tienes que realizar ese cambio en la gente que rodea a esa persona. Por ejemplo, si haces a una persona reír, su risa podría hacer reír a otros.
9. Aferrarte a alguien que te hace daño.
A veces tienes que alejarte de ciertas personas, no porque no te interesen, sino porque a ellos no les interesas. Cuando alguien te hace daño una y otra vez, acepta el hecho de que no se preocupa por ti. No es algo fácil de asumir, pero debes hacerlo. No desperdicies otro segundo de tu tiempo tratando de impresionarlos o probarles algo.
10. Darle demasiada importancia al atractivo físico.
Enamorarte locamente de alguien simplemente por su aspecto físico es como elegir tu comida favorita basada en el color en vez del sabor. No tiene sentido. Son esas características innatas, invisibles e incalculables que crean una atracción duradera.
“Las cosas que no se dicen, suelen ser las más importantes. Pero, ¿acaso no es siempre así?” Cosas que nunca te dije, Isabel Coixet.
Sin duda, se nos quedan muchas cosas en el tintero. Siempre creemos que habrá un momento oportuno para poder decirlas.
El problema es cuando los momentos se agotan y no lo hemos dicho; entonces, somos conscientes de que todo se ha terminado y no hay vuelta atrás.
Nadie que me conozca bien afirmaría que suelo hablar de mis sentimientos. Me cuesta y me incomoda. Pero suelo demostrar el agradecimiento con un sonrisa, el perdón con un abrazo o el apoyo con una mirada. Pero me cuesta. Me cuesta decirle a alguien que le quiero, que es un buen amigo/a, que lo necesito o, simplemente, que me encanta tenerle cerca.
Han sido ya algunas las personas que han entrado y salido de mi vida en los últimos años. Por distintos motivos, las separaciones han sido a veces obligadas (sin mi consentimiento), otras voluntarias y, en alguna ocasión, violenta. Todos esos momentos, van haciendo de tu corazón un pequeño buscaminas, donde cada vez, te van quedado menos "caritas felices" y todo está a punto de estallar.
Nunca me ha importado rebajar y tampoco pedir perdón. Últimamente, me ha disparado a bocajarro al corazón con la intención de destrozarlo y, aun así, he perdonado y olvidado.
Esas personas, cuya compasión y capacidad de perdón ha brillado por su ausencia, tienen el asombroso poder de aparecer siempre de nuevo en tu vida con el cargador lleno de balas sembrando el miedo. Aún así, las he perdonado. Una y otra vez. Anteponiendo esas personas a mis intereses y los de mi entorno. Pero las he perdonado.
¿por qué? Porque sentía que les debía algo. Que me quedaba algo más por decirles. Probablemente, nunca les dije aquellas cosas que suelen ser más importantes. Supuse que lo sabía.
Pues bien, ahí llevas, donde quiera que estés aunque bien se, que esto nunca lo leerás.
Te quise mucho y bien. Con el cariño que se le tiene a un hermano. Como si fueras parte de mi familia.
Te quise con toda el alma y batallé por ti donde hizo falta. El tiempo demostró que la batalla la había
perdido antes de empezar, porque tú no querías que te ayudara.
Te dediqué mi tiempo. Te regalé mis amigos y mis sonrisas. Compartí contigo todo lo que me hacía feliz para que fueras parte de ello. En aquel momento, pensaba que te merecías ser esa parte clave de mi vida.
Y a cambio, tú hiciste lo mismo. No hay reproches. ¿para qué? No serviría de nada. Ahora solo me queda un buen recuerdo. Sólo me queda pensar que yo vi algo. Que no pude estar tan equivocada y creer en alguien que podría actuar así después.
El tiempo, los ataques, las reacciones han demostrado que la gente cambia. Normalmente, a peor. Pero aún así, yo me quedo con la esencia. Esa esencia que hizo que todo en mi vida cambiara.
Esa esencia que venía en frasco pequeño y merecía la pena, esa que me arrancaba la sonrisa siempre.
Bueno, pues todo ha terminado. Quédate tú, igual que yo con la esencia. Creo que es mejor guardar eso, que desprestigiarlo por todo lo demás.
Yo me quedo con eso. Ya lo he dicho. Será que no es ya lo más importante.