NADA QUEDA DE TI
Nada queda de ti.
Los amigos palmean mi espalda satisfechos
de ver la casa limpia de fotos y recuerdos,
de volver a llenarla de humo y risotadas.
No valía la pena,
me dicen, sin prisa por llegar a casa,
pues nadie los espera.
Nada queda de ti.
Pero yo se que el aire tiembla como una llama
al pasar por tu ausencia.
Se estremece la luz ante los marcos vacíos,
entre mis brazos vacíos.
Nada queda de ti
a la vista de otro.
Pero he reconstruido el tiempo que fue nuestro
por medio de sustracciones alevosas,
nocturnas,
tu reloj de pulsera,
tu cajita de música,
tu letra de algas rojas,
tus libros preferidos,
tu canción de madera.
Todo está bajo llave para que nadie sepa
que atesoro lo tuyo,
que no logro olvidarte.
Eugenio Maqueda (2006) Universos Paralelos
martes, 18 de junio de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
Contando secretos
Te voy a contar un secreto. A lo mejor, un día, un lunes o un miércoles, vas por la calle, paseando y ves a una pareja. Ella es guapa guapísima y él está al mismo nivel, pero es más simpático que ella. Se le ve en los ojos. Los dos caminan al lado, juntos, pero con cara larga larguísima, de enfado total. De esos que no hay manera de arreglar.
Y tú, que lo ves desde fuera, andando con tu maletín, pensando "vaya, estos dos chicos ya no se quieren". Tonta de ti. Te equivocas, pequeña voyeur. Te equivocas. Mírales andar. Mírales andar y atrévete a decir que no son la pareja con más amor en las venas que has visto jamás. Pasean al compás. Cuando la pierna derecha de ella avanza un pasito, la pierna derecha de él, mágicamente, avanza igual. La misma distancia. ¿Ves, pequeña? el amor es eso. El amor es saber pasear al compás. Una sincronización que a veces pasa desapercibida a los ojos de quién no sabe mirar.
Yo ya he descubierto dónde está el secreto; el truco está en caminar sin engancharse con los pequeños hilos que unen mi meñique con el suyo.
martes, 2 de abril de 2013
Of dawns and dolphins
¿Por qué nos produce esa sensación de sosiego una puesta de sol? Es el único ocaso que nos resucita.
Otros ocasos nos producen escalofríos y, sin embargo, los atardeceres con su divina aflicción, nos devuelven a la vida y aún más, cuando el rechinar de esos delfines sin estanque reverbera de fondo.
Tener la certeza de que existe un mañana tras el fin, de que el sol que hoy se apaga, nos anuncie un eterno retorno; si, ese retorno, como la vuelta de tu sonrisa después de un enfado tonto. Dicen que al ser humano ese tipo de seguridad le produce calma, melancolía y poder.
A veces caminamos tan rápido que nuestros propios pasos nos devoran y al llegar el preludio nocturno, no
nos detenemos a observar la sinfonía de colores y sonidos mudos. Esa Caleta que atardece con suspiros sin pausa, con miradas brillantes, con sonrisas sinceras que buscan el sonido de amor de nuestro faro. Esas rimas acompasadas con los fogonazos que sólo tú y yo entenderemos.
nos detenemos a observar la sinfonía de colores y sonidos mudos. Esa Caleta que atardece con suspiros sin pausa, con miradas brillantes, con sonrisas sinceras que buscan el sonido de amor de nuestro faro. Esas rimas acompasadas con los fogonazos que sólo tú y yo entenderemos.
Deberíamos coleccionar atardeceres en nuestra retina para no desprendernos nunca de la grandeza de sabernos minúsculos ante tanta belleza. Minúsculos al igual que me siento en tu abrazo, cuando no quiero que me sueltes, cuando sólo tú robas sonrisas con cada ola que rompe en nuestro espigón.
Hoy está bonita la mar, amor. Entre cada ola y oscuro del mar se esconde tu sonrisa. Entre cada luz de los barcos se esconde un beso. Entre cada hoguera de San Juan un deseo. Entre cada ola se nos desvela algo que ni tu ni yo aun sabemos. Entre cada canción una letra y una nota que cantar. Entre asfalto y kilómetros se nos aceleran los latidos del corazón, entre puerto y puerto se nos quita las respiración.
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