jueves, 12 de enero de 2012

Arrugas en la cama

¿A quién no le ha pasado? Un día te levantas tarde y tienes prisa porque ves que no llegas, estás todavía medio dormido o simplemente no hay muchas ganas de trabajar. Tienes que hacer la cama antes de salir de la habitación para no encontrártela deshecha cuando vuelvas. Mueves la cama, estiras las sábanas, metes por dentro la manta y ves que quedan arrugas. Ahora viene el problema, pues para que quedase bien habría que deshacer la cama y hacerla de nuevo. Pero no hay ni tiempo ni ganas. Así que procuras arreglarlo como se puede. Tiras de aquí, metes allí y estiras bien todo para que al poner la colcha encima el resultado sea perfecto. Terminada la operación vuelves a acercar la cama a la pared y sales de tu cuarto contenta porque la chapuza no se nota nada.

El día pasa y la obra da el pego. Pero llega el momento de irse a la cama.Curiosamente, estos días suelen coincidir con jornadas agotadoras en las que parece que no llega la hora de acostarse. Por fin te metes dentro, deseando dormir y de golpe te encuentras con tu obra maestra.Hay una arruga que molesta, la sábana no llega, el embozo no está perfecto,  todo se deshace al mínimo movimiento… Tocaría levantarse y hacer la cama de nuevo, pero la mayoría de las veces pactamos con el cansancio y asumimos que hay que dormir ahí dentro. 
La cuestión está en que muchas veces en la vida ocurre lo mismo que al hacer la cama. Vamos con prisa a todas partes, pasamos por las cosas sin enterarnos demasiado o a veces simplemente no tenemos ganas de esforzarnos para hacer bien las cosas. Y el caso es que somos conscientes de que hay situaciones, momentos y sentimientos que van haciendo arrugas dentro de nosotros. Llevamos heridas abiertas, problemas sin resolver, pequeñas o grandes crisis, enfados, contratiempos, fracasos etc. Pero la mayoría de las veces preferimos taparlos con una colcha bien estirada antes que abordarlos de frente para solucionarlos.

En muchas ocasiones, cogemos la colcha y cubrimos absolutamente todas esas arrugas y esas imperfecciones. Arrastramos esa colcha adornada de sonrisas incómodas, capas y capas que cubren nuestra imperfecta armonía. Me confieso experta en camas deshechas, en saber poner la colcha y cubrir los desperfectos y en no desesperar para que vengan a destaparlos. He estado haciendo mal la cama. Cuatro años de desperfectos y muchas telas que los han cubierto; no hace mucho que "han empezado" a enseñarme a tirar de la manta y a no asustarme por intentar eliminar las arrugas y no es tal malo. 
Últimamente, he visto gente poner barreras, tapar arrugas e instalar vallas tan altas que ni un gigante las podría saltar y me he sentido muy impotente pero me he dado cuenta de que yo soy una gran maestra en ese arte y que no hay manera de evitarlo. Se que es difícil, que a nadie nos gusta que los demás vean las arrugas de nuestra cama, porque no hay nada más íntimo ni personal que eso; pero también soy consciente de que cuantas más escondemos, más grande es el bulto debajo y el peso que se arrastra.
Ya he comprado una plancha nueva y estoy aprendiendo a utilizarla... ( y además es amarilla!!)


(Adaptado de Dani Cuesta)

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