Tranquilidad... que sensación única. Quizás por eso sea tan difícil conseguirla. La rutina y los problemas diarios han mantenido mi cabeza tan ocupada que no he tenido tiempo de respirar. Hace algunos segundos me puse a pensar en cómo he hecho para vivir sin respiración y aún no encuentro una respuesta lógica. Recuerdo aquel día - hace unos meses, quizás - cuando decidí tomar valor, contener el aire y salir al mundo a destruir demonios. Y pasaron varios días...y semanas...y hace poco me di cuenta que no estaba respirando aún. Fue desesperante la sensación que viví al entender que el oxígeno no estaba entrando a mi organismo desde hacía tanto tiempo ni dando frescura a mis ideas.
Me costó mucho pero con esfuerzo, y muchas conversaciones-viernes tras viernes, de noche- pude exhalar todo el aire que había contenido. Fue como despertar de un largo sueño. Fue entonces cuando comprendí que no había estado viviendo, sino sobreviviendo. Hace poco en la calle encontré un folleto que me llamó demasiado la atención, era acerca de un curso impartido por un grupo de docentes que enseñan técnicas para aprender a respirar. Extraño, ¿no? Cualquiera podría asegurar que respirar es el proceso indispensable para vivir y por tal motivo, quienes estamos vivos, sabemos respirar. Lamento contradecir esta afirmación, pero yo misma puedo dar fe de que eso es incorrecto. Estoy pensando en apuntarme a ese curso, porque necesito clases extras...

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