- Conversar. No siempre con la voz: con los ojos, con las manos, con el corazón.
- Enseñar cosas cada día.
- Escuchar. A todas horas, no importa el momento ni el lugar.
- Estar siempre. Hasta en la lejanía, a cientos de kilómetros.
- Perdonar cuando no hay porqué
- Hacer que un abrazo nunca sea suficiente...
- Ser una persona única e irrepetible.
- Hacer que lo que nos separa, nos una aún más.
- Ser capaz de evitar juzgar.
- Tener siempre un consejo a mano, por si acaso.
- Cogerte de la mano y no soltarte nunca; incluso cuando tiene los ojos cerrados.
- Compartir risas a millones. No dejar de sonreir.
- Acompañar, no sólo en presencia, sino con el corazón.
- Atesorar cada palabra, abrazo o guiño.
- Comprender y oponerse...
- Buscar y, a veces, no encontrar
- Intentar todo y no rendirse ante los problemas
- Salir corriendo, pensárselo dos veces, dejar de huir y volver.
- Ser parte de tu familia
- Entenderte y respetarte. Aún cuando tú mismo no lo haces.
- Hacerte parte de su vida irremediablemente.
- Compartir sus alegrías y emociones.
- Regalar cariño sin ser pedido.
- Emocionarse sin motivo, emocionar a su alrededor.
- Dejar de huir. Empezar a confiar aún siendo lo más difícil.
- Pensar en el detalle. En lo que te saca una sonrisa.
- Aparecer de repente como si llevara allí toda la vida.
- Ser viejo amigo, aún cuando acabas de llegar.
- Llorar contigo y secarte las lágrimas.
- Prometerte siempre una sonrisa y una fiesta cuando sea necesario.
- Llegar para quedarse, aún cuando los problemas te hacen asustarte.
- Luchar sin descanso, ser buenas personas.
- Quererte a pesar de todo.
¿Increíble? Pues yo he encontrado a quien cumple todos estos requisitos...

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