Decir que "hay pingüinos en la cama" es una forma muy literaria de dar a entender que algo se rompió en una relación. Es una manera de retratar una situación que sufren muchas parejas tarde o temprano. Encontrarte un"pingüino en la cama" no es fácil, pero a veces es el punto de inflexión necesario que terminará desembocando en una reconciliación o en una ruptura definitiva.
Tal y como dice Ricardo Arjona, en su tema titulado con esta peculiar frase,-"Pingüinos en la cama"- hay momentos en los que las relaciones, especialmente las de parejas, se hacen insostenibles por el frío gélido que se instala entre los implicados. Es entonces cuando llega el distanciamiento, el cinismo, los reproches, el orgullo y sobre todo es el momento en el que se cava un surco donde se entierra la ilusión. Al principio, esos pingüinos entran en los dormitorios de puntillas, sin apenas hacer ruido mientras la vida pasa sin más sobresaltos. Sin embargo, un día nos levantamos y nos damos cuenta que tenemos toda una colonia de pingüinos como compañeros de alcoba, saltando de iceberg en iceberg. En ese momento, giramos nuestra vista hacia el compañero de viaje y no lo reconocemos; lo peor es darse cuenta que el calor que antes buscábamos en sus besos ha desaparecido, para dar paso a un témpano de hielo que cuartea los labios.

Para algunos ese es el instante en el que se debe de " aclarar el panorama" -en palabras de Arjona- y poner las cartas sobre la mesa en un último intento de derretir el hielo y echar a los entrometidos inquilinos de sus vidas. Para otros en cambio, es tiempo de despedidas, de hacer maletas y embarcar hacia latitudes más cálidas donde otro nuevo amor haga recobrar el rumbo hacia la felicidad. Al fin y al cabo, no es viable, al menos por mucho tiempo, tener pingüinos merodeando en torno a una relación.
Para mí, los pingüinos no existen. Sólo los creamos, los inventamos nosotros, para protegernos de la realidad o escondernos del miedo que a veces, entraña tener una relación complicada. Crisis? Quién dijo crisis? Si te vuelvo a mirar y no puedo dejar de sonreir. Ahora mismo, he subido la calefacción, he abierto las ventanas para que este calor asfixiante inunde mi cuarto y los eche para siempre. Que contra el miedo, ya lucho yo.

Para algunos ese es el instante en el que se debe de " aclarar el panorama" -en palabras de Arjona- y poner las cartas sobre la mesa en un último intento de derretir el hielo y echar a los entrometidos inquilinos de sus vidas. Para otros en cambio, es tiempo de despedidas, de hacer maletas y embarcar hacia latitudes más cálidas donde otro nuevo amor haga recobrar el rumbo hacia la felicidad. Al fin y al cabo, no es viable, al menos por mucho tiempo, tener pingüinos merodeando en torno a una relación.
Para mí, los pingüinos no existen. Sólo los creamos, los inventamos nosotros, para protegernos de la realidad o escondernos del miedo que a veces, entraña tener una relación complicada. Crisis? Quién dijo crisis? Si te vuelvo a mirar y no puedo dejar de sonreir. Ahora mismo, he subido la calefacción, he abierto las ventanas para que este calor asfixiante inunde mi cuarto y los eche para siempre. Que contra el miedo, ya lucho yo.

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