He recibido muchos regalos en todos estos años, pero no hace tanto que me han hecho el regalo más grande, el más bonito, el más especial y el más sorprendente.Me han regalado la felicidad. ¿Qué es eso? Pues es indescriptible. Es un sentimiento, una forma de ser y estar, es un no poder dejar de sonreir aún cuando lo deseas, es sentir algo en tu estómago que te ayuda a continuar y que te hace olvidar los pasos que dejas en el camino y los obstáculos que sorteas.
Probablemente, te preguntes que cómo se consigue esa felicidad. Bueno, voy a intentar darte algunas pistas de lo que a mí me han ido regalando poco a poco.
Canciones; pero no cualquiera. Canciones especiales, de las que puedes cantar a viva voz sin que te de vergüenza. De esas que puedes bailar mientras conduces, que te hacen reir, llorar, emocionarte y que te llenan el alma a través de los oídos.
Miradas; llenas de calor, de emoción, de cariño, de esas que tienen colores, a veces son color avellana. Son miradas breves, incluso tímidas, que nunca sabes a dónde te van a llevar. Esas miradas, te atraviesan el alma; son capaces de llegar a tí. Me encanta esa forma de mirar, al despertar, por la mañana, cuando puedes leer tanto en esas dos pupilas que se clavan en tus ojos.
Sonrisas! En los mejores y en los peores momentos. Sonrisas a todas horas. Tantas que tienes agujetas en las mejillas. Creo que de tanto sonreir me van a salir más arrugas! Sonreir y reir en momentos que no esperabas, en esos momentos en los que nunca habías reído. Es genial poder hacer eso y es aún mejor, darte cuenta de que no dejas de reir cuando ciertas personas te rodean.
Atardeceres. Al menos dos de ellos inolvidables. Atardeceres que nunca olvidaré. Conversaciones increíbles mirando como el sol se esconde y sintiendo como a tí te encantaría esconderte de la misma manera para poder ser tú misma. Atardeceres donde hay faros que hablan, que suspiran, que se sinceran al máximo y sonríen.
Paseos. No importa el lugar. Siempre me ha gustado caminar, desde que era pequeña. Me encanta andar hasta que me canso y luego pararme, sentarme en algún sitio precioso y, con mucha seguridad, alto donde me de algo de vértigo (a mí también me daban miedo las alturas antes) y pararme a pensar. Me encanta pasear por la playa. Subirme a los espigones, escalar piedras para buscar el crepúsculo imposible. Y una vez arriba, sonreir, abrazar, arriesgarme o simplemente pensar.
Canciones; pero no cualquiera. Canciones especiales, de las que puedes cantar a viva voz sin que te de vergüenza. De esas que puedes bailar mientras conduces, que te hacen reir, llorar, emocionarte y que te llenan el alma a través de los oídos. Miradas; llenas de calor, de emoción, de cariño, de esas que tienen colores, a veces son color avellana. Son miradas breves, incluso tímidas, que nunca sabes a dónde te van a llevar. Esas miradas, te atraviesan el alma; son capaces de llegar a tí. Me encanta esa forma de mirar, al despertar, por la mañana, cuando puedes leer tanto en esas dos pupilas que se clavan en tus ojos.
Sonrisas! En los mejores y en los peores momentos. Sonrisas a todas horas. Tantas que tienes agujetas en las mejillas. Creo que de tanto sonreir me van a salir más arrugas! Sonreir y reir en momentos que no esperabas, en esos momentos en los que nunca habías reído. Es genial poder hacer eso y es aún mejor, darte cuenta de que no dejas de reir cuando ciertas personas te rodean.
Atardeceres. Al menos dos de ellos inolvidables. Atardeceres que nunca olvidaré. Conversaciones increíbles mirando como el sol se esconde y sintiendo como a tí te encantaría esconderte de la misma manera para poder ser tú misma. Atardeceres donde hay faros que hablan, que suspiran, que se sinceran al máximo y sonríen.
Paseos. No importa el lugar. Siempre me ha gustado caminar, desde que era pequeña. Me encanta andar hasta que me canso y luego pararme, sentarme en algún sitio precioso y, con mucha seguridad, alto donde me de algo de vértigo (a mí también me daban miedo las alturas antes) y pararme a pensar. Me encanta pasear por la playa. Subirme a los espigones, escalar piedras para buscar el crepúsculo imposible. Y una vez arriba, sonreir, abrazar, arriesgarme o simplemente pensar.

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