viernes, 30 de marzo de 2012

Nunca he llegado a entender mi pasión por los atardeceres. Siempre que puedo los fotografío o me paro donde esté para admirarlos. Tampoco se cuándo empezó a interesarme poderlos contemplar. Los atardeceres  tienen un encanto especial....... La luz crepuscular adquiere matices mágicos, puedes observar colores que nunca habías visto antes y adivinar formas que se van moldeando en el cielo mientras miras, quieta, impávida, sin pestañear ni una vez al horizonte.
Observar los atardeceres, por ejemplo en Úbeda, es algo que llevo años haciendo. Cuando tenía más tiempo libre me gustaba detenerme en los miradores y contemplar el paisaje y las luces cálidas. Me encantan los atardeceres en el mar, sentarme en la arena y quedarme en silencio sólo observando.
Es en ese momento, en el que más me paro a reflexionar. Lo se, soy poco reflexiva y demasiado impulsiva, pero tampoco puedo regalarme tiempo para pararme a ver las consecuencias de lo que hago. Últimamente, estoy parándome a ver atardecer con más frecuencia. Salgo a caminar y me detengo en mi mente. Paro tantísimos pensamientos que convergen a la vez y dejo la mente en blanco. Cuando eso pasa, hay un sentimiento que viene a ella y es la felicidad. No se cómo, ni dónde, ni porqué sucede pero no puedo dejar de sonreir en esos instantes de paz. 
Hace dos días soñé con un atardecer, posiblemente con ese atardecer que pensé que no llegaría, que iba a ser imposible. Pero es que cada día lo veo más cerca y eso, implica, que voy a estar muy feliz, al menos por unos instantes.

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