Estoy cansadísima de oir que aunque alguien te haga daño, debes ser cordial y sonreirle para que los demás no se sientan incómodos.
Tampoco me gusta fingir que aquí no ha pasado nada. No es justo. Durante meses, me han ofendido y atacado públicamente, y tengo testigos.
Porque tengo muchas preguntas:
- Si a alguien no le gusta algo, ¿es justificable que te lo diga a la cara como si fuera tu culpa eso?
- Si alguien te ve usando el móvil, ¿está bien que te agreda físicamente? es decir, ¿es tolerable sufrir pellizcos, patadas y comentarios si se utiliza?
- ¿hasta qué punto es aceptable que alguien haga comentarios ofensivos contra una o dos personas sabiendo a ciencia cierta, que esos comentarios son totalmente falsos?
- ¿qué argumentos y armas tiene un ciudadano para defenderse de una calumnia y una falta de respeto?
- Si una persona, miente sobre tu persona, inventa una historia falsa de tu vida sin pruebas, ¿qué se puede hacer para defenderte de ella?
- ¿es legal coger el teléfono de otra persona y mirarle sus fotografías? ¿se puede hacer algo en contra?
Pues bien, no tengo respuesta a ninguna de esas preguntas. Pero se lo que he hecho. Callarme y resignarme. Aguantar horas y horas de acoso y derribo. Dejar que me aísle y me separe de mis amigos. He permitido que alguien que decía llamarse "mejor amigo" me perjudique física y moralmente más que ninguna otra persona del mundo.
Sólo he levantado la voz una vez. Cuando esa persona destrozó el día que yo la INVITÉ a mi cumpleaños. Ese día, no pude más. No podía soportar que espiara conversaciones ajenas, que las sacara de contexto, que ese odio fastidiara un día en el que me rodeaba de la gente a la que más quería.
Ese día tuve miedo. Miedo de no saber controlarme. De que todo ese sufrimiento de meses y meses, se transformara en odio hacia ella. Y me fui, me fui a casa y lloré más que en los últimos dos años. Lloré porque no podía hacer nada para controlar que me atacara sin motivos, no los tenía. No era justo que no tuviera armas para defenderme.
Ahora me da igual. La cordialidad lo inunda todo. Siempre lo sabré. Mejor solo que mal
acompañado. Si no te quieren cerca, ya pueden coger la puerta e irse. Porque yo de aquí no me muevo. Soy feliz con lo que tengo. Desde hace meses, mi vida está completa. Tengo lo que quiero y lo mejor de todo, es que lo disfruto. Disfruto de la vida. Sonrío cada día. Salto, corro, vuelo, me han enseñado que puedo hacer lo que me proponga. Que los límites los pones tú y que no debo volver a dejar que me pongan límites.
Todas las preguntas de arriba forman parte del pasado. No quiero ni pensarlo nunca más. Eso terminó. Ahora soy feliz, sonrío con el corazón. Y eso, es lo que marca la diferencia.

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